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6. El Tratado de Versalles y las consecuencias de la guerra

La conferencia de París (1919):

El 18 de enero de 1919, los representantes de los países vencedores se reunieron en la denominad  Conferencia de París,  bajo la dirección del Comité de los Cuatro: el presidente estadounidense Wilson, el premier británico Lloyd George, el primer ministro francés Clemenceau y Orlando, el jefe del ejecutivo italiano. Son los tres primeros, sin embargo, los que realmente dirigieron unas negociaciones a las que los países derrotados no pudieron asistir.

El 4 de octubre de 1918, los alemanes habían pedido un armisticio basado en las propuestas recogidas en los “Catorce puntos” de Wilson. La realidad de la derrota fue, sin embargo, más dura. Los países vencedores llegaron a París con ideas diferentes y compromisos, a veces secretos, adquiridos durante la guerra.

Los Tratados firmados tras la Conferencia de París no contribuyeron en absoluto a estabilizar la situación europea y mundial. Al rastrear las causas de la segunda guerra mundial, rápidamente nos encontramos con que los errores cometidos en los tratados que pusieron fin a la Gran Guerra fueron claves a la hora de desencadenar de nuevo los horrores de un conflicto mundial apenas veinte años después de la conclusión de la “guerra que pondría fin a todas las guerras”.

La Sociedad de Naciones:

Wilson, el gran promotor de la idea, hizo que la Conferencia de París, que había iniciado sus sesiones el 18 de enero de 1919, aprobara una Resolución sobre la creación de una Sociedad de Naciones el día 25. En abril, la Conferencia aprobó el Pacto de la Sociedad de Naciones, que fue anexado a los diversos tratados de paz. Entró en vigor el junio de 1919, cuando se firmó el Tratado de Versalles.

La nueva Sociedad fijó su sede en Ginebra (Suiza). Sus principales instituciones eran una Asamblea General, un Consejo, del que eran miembros permanentes las grandes potencias, y un Secretario General, encargado dirigir los más de 600 funcionarios que trabajaban para la Sociedad.

Teniendo como como objetivo esencial el mantenimiento de la paz, la Sociedad buscó garantizar la protección de los pequeños países ante las grandes potencias. Se trataba de crear un nuevo orden internacional basado en el principio de la seguridad colectiva. El artículo 10º del Pacto consagraba este principio: 

Los miembros de la Sociedad se comprometen a respetar y a mantener contra toda agresión exterior la integridad territorial y la independencia política presente en todos los miembros de la Sociedad. En caso de agresión, de amenaza o de peligro de agresión, el Consejo determinará los medios para asegurar el cumplimiento de esta obligación.

La Sociedad de Naciones consiguió algunos éxitos en su labor, ayudó a solventar pacíficamente algunos conflictos en el período inmediato de posguerra y tuvo su apogeo en el período 1924-1929 (Tratado de Locarno, 1925, Ingreso de Alemania en la Sociedad, 1926, Pacto Briand-Kellog, 1928), sin embargo, cuando la situación internacional se enturbió tras la depresión de 1929, la Sociedad de Naciones se mostró totalmente incapaz de mantener la paz.



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